martes, 21 de noviembre de 2006

Yo, Claudio


Veo a Claudio Pizarro haciendo goles en Alemania, y me alegro. Definitivamente es -a mi gusto- el mejor futbolista peruano en la historia (claro, de todos los que yo he visto en vivo y en directo desde 1987) Hace goles de cualquier factura, es generoso con sus compañeros y marca como si su principal función fuera defender. Todo un futbolista de elite. En Europa lo idolatran, dicen que está entre los 50 mejores atacantes del mundo. No llega al nivel de Thierry Henry o de Samuel Eto'o, pero está cerca, muy cerca. Lo contradictorio es que Pizarro no ha tenido la misma producción en goles con el equipo de su país. Ha marcado muy pocos, tan pocos que se pueden contar con los dedos de las manos con suma facilidad. Esa es la deuda pendiente del ariete con la selección. Sin embargo, nadie puede negar que sí deja la piel cuando se pone la blanquirroja encima, aunque un sector del público peruano piense todo lo contrario. Y es que dicen que al delantero del Bayern Munich ya no le interesa defender a su país, que sólo le importa su club, sus caballos, sus empresas y la juerga desmedida. Mentira. Si el Bombardero sólo pensara en eso hace rato hubiera mandado una cartita a la Federación para anunciar su renuncia definitiva a la escuadra nacional. Pizarro es consciente de que jugar por su país es muy importante, porque con él pretende llegar a una Copa del Mundo antes de su retiro. Hoy Pizarro sólo tiene en mente renovar con Bayern Munich, ganar la Bundesliga, quedarse con la Liga de Campeones y, por supuesto, seguir jugando por la selección, donde tiene una tarea que no cumple aún a cabalidad: hacer goles. Lo demás es pura insensatez.